lunes, 17 de junio de 2013

RAYUELA, 50 AÑOS: La bella utopía de las palabras.





RAYUELA, 50 AÑOS: La bella utopía de las palabras.
Este acercamiento a Rayuela —la novela de Julio Cortázar— lo hago con el máximo respeto por todos aquellos lectores que también consideran la obra de este autor como algo que les pertenece. Rayuela ha generado un océano de admiradores, de auténticos fans de sus palabras que se transmiten como pensamientos contundentes y, cada vez más, una gran mayoría de lectores se sienten implicados y consideran a esa extraordinaria novela como suya.

“París es una gran metáfora”
Como dijo Julio Cortazar en Rayuela, a través de su personaje Gregorovius, uno de los miembros del Club de la Serpiente: “París es una gran metáfora”. Para quien lleva Rayuela en su memoria, París es un territorio emocionalmente fantástico, un abanico con infinidad de rincones surrealistas donde los personajes de la obra conviven, acompañados por la música, el amor y las artes un lúdico universo. Cualquier café del barrio latino, en las inmediaciones de La Sorbona, es bueno para acompañar a Oliveira y La Maga. París está omnipresente en gran parte del libro, los puentes, trazado característico de la Ville Lumière: Pont des Arts, Pont au Change, Pont Saint-Michel, Pont Neuf, son mencionados repetidas veces en Rayuela. La novela es puro gozo literario, en el sentido de que su argumento es completamente libre y fragmentado, al igual que los cuadros de una rayuela dibujados con tiza sobre la acera.

La geografía de la ciudad de París está íntimamente asociada a Rayuela y a la vida de Cortázar por esos años que vivió en la ciudad de la luz. París es descrita como un collage de barrios, música, pinturas y de cuántos elementos componen el fantástico mundo parisino del escritor, componentes que no se pueden deslindar de su obra narrativa. En nuestro escrito Eva & Adán describimos el ambiente de Montparnasse en el que frecuentó muy a menudo Julio Cortázar. En París está la esencia de su vida transcrita en sus obras y, también, la ciudad que hoy guarda y honra sus restos en el cementerio de Montparnasse, convertido en lugar de peregrinación. Sin duda algo debe tener Rayuela y el autor que, después de cincuenta años, todavía nos sigue interesando.

Muchos de sus nuevos admiradores han hecho, posiblemente, una aproximación a su obra de forma distinta y, lo han hecho gracias a las redes sociales que han contribuido una enormidad a difundir parte de la obra de Rayuela. También frases, retazos de sus pensamientos, vídeos con la propia voz de Cortázar, así como sus cronopios o cuentos breves que, como la lluvia fina, calan y penetran en la piel de toda persona que anide en su interior el acercamiento a la bella utopía de las palabras. Entre los lectores recién incorporados a los textos de Cortázar, tienen tanto éxito que son, hoy en día, una gigantesca ola de entusiastas y divulgadores de sus palabras. Se han adentrado en el espíritu de Rayuela, un libro que es un juego que contiene varios juegos, un diálogo cómplice que se establece entre el autor y el lector, un espíritu lúdico e irreverente de un escritor singular, que adquiere para los lectores, la misma dimensión de intimidad que para los protagonistas de la novela.


En el mes de junio de este año 2013, se cumplen 50 años de la primera edición de Rayuela. La novela salió de la imprenta de la Editorial Sudamericana, de Buenos Aires, (Argentina), el 28 de junio de 1963. Sin duda la palabra Rayuela nos remite al nombre de su autor, el argentino Julio Cortázar; también es suficiente nombrar a Rayuela para oír y leer las más variopintos juicios, opiniones que van desde la más docta y analítica en las que desmenuzan sintaxis, morfemas o sonoridades como la jitanjáfora (inventado por el escritor mexicano Alfonso Reyes en 1929) en el que Cortázar se inspiró en esta invención para el desarrollo y elaboración de su lenguaje glíglico; otras opiniones son simplemente manifestaciones de afecto —como puede ser la mía— en que valoramos su obra como un gran regalo. Consideraciones para todos los gustos se pueden leer sobre Rayuela, esa obra genial que ha sido traducida a casi todos los idiomas. Su obra no ha estado exenta de críticas que aseguraron ver en Rayuela una obra menor, incluso la contranovela, aunque otros críticos la han considerado la antinovela vanguardista como concepción del vanguardismo en el arte que participa de la esencia de la vida como son el juego y el azar.

El escritor Julio Ortega, coeditor junto a Saúl Yurkievich [1] de la edición crítica de Rayuela (Colección Archivos, 1991) y profesor de varias universidades norteamericanas, entre ellas, The University of Texas at Austin ha hecho una definición de Cortázar en su novela Rayuela que suscribo plenamente:

(...) “Rimbaud quiso cambiar la vida. Marx el mundo. Joyce el texto. Julio Cortázar buscó cambiar el papel del lector. Ese linaje de lo moderno empieza cuando Cervantes quiso cambiar de país: dejar La Mancha y construir la Novela, la comunidad de la ironía. Cortázar imaginó a un lector que ingresaba a la Ciudad de la lectura, cuya gracia irónica es la inteligencia mutua. Dedujo a un lector “macho”, operativo, que leía Rayuela a saltos; y otro “hembra”, que leía de corrido”. 

(...) "Rayuela, en verdad, se debe a su admiración por la subjetividad femenina, más libre y más plena que las virtudes elocuentes de la agonía masculina. La novela nos revela que la mujer es irrepresentable: lo que se diga de ella es siempre poco. La Maga, más que verosímil, es la Musa de la lectura insondable".

Cuando se cumplió su primer cuarto de siglo de su edición, se hizo tópico decir que Rayuela era la novela de aquel momento; pero hoy nos damos cuenta que la clave de Rayuela es que no es de ningún momento; es universal y no tiene tiempo, nunca perdió actualidad y como dice el escritor chileno Luis Harss, Rayuela es una novela "donde el tiempo se despliega como un biombo". El manuscrito de esa joya universal, de Rayuela, se encuentra depositado en la Benson Latin American Collection de la University of Texas, en Austin, [1] como parte de la colección de manuscritos de Julio Cortázar. Se trata de un original previo a Rayuela. Evidentemente dadas las numerosas revisiones, tachaduras y añadidos que presenta, el manuscrito que fue a la imprenta tiene que haber sido una copia ligeramente distinta pasada en limpio del manuscrito original.

Quiero dar en este pequeño escrito, un modesto pero afectuoso homenaje al cincuentenario de su publicación. Este hecho relevante me permite expresar mi sincera admiración por un autor que, cuando apareció su libro movilizó a gran parte de la juventud, proporcionándoles el inmenso placer de su lectura, logrando además, un inesperado revulsivo vital conseguido por sus pensamientos y palabras. Muchos de sus capítulos los considero auténtica poesía, quizá por ser el más conocido, el capítulo 7 de Rayuela y por su delicadeza sensual es una prosa con un gran contenido poético. Su lectura apasionada me lleva a entender como cada coma desempeña la función del escalpelo que disecciona un verso del siguiente.


Rayuela: Capítulo 7.
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Rayuela, es una novela que, sin querer definirla, me atrevería a calificarla de surrealista, obviamente no se la puede encauzar por tener una línea definida en su narrativa; por su carácter innovador y transgresor se la ha considerado como la antinovela. Por tanto no creo decir ningún inconveniente si defino a Rayuela como transgresora en que, una gran mayoría de lectores la aceptan y la veneran por haber hecho gozar momentos divinos y tiernos que son descritos por el autor con una delicada sensibilidad notable. Cortázar, dio una estructura a Rayuela que la convirtió en un juguete. La propuesta del orden de sus capítulos no es convencional, es rara y complicada pero también generosa: había que seguir unos laberintos posibles para leerla, aunque casi con toda seguridad ha sido el propio lector quién decidió leerla en la forma que más le convino. Como admirador de una parte de la obra de Rayuela me detendré en otro capítulo divertido, sensual y, hasta cierto punto erótico en el que, con un lenguaje inventado, deja al lector su personal interpretación.

El Capítulo 68 es extraordinario, me encanta transcribirlo porque es un derroche de fantasía, un lenguaje músico/sensual —en lenguaje glíglico— un pseudo lenguaje erótico inventado y que, como he dicho anteriormente, Cortázar se inspiró en el jitanjáfora de Alfonso Reyes, lenguaje que hablan los protagonistas de la novela. No es una extravagancia, es una invitación a jugar como lo haría un niño. Un juego con un lenguaje amoroso, aparentemente incomprensible, que comparten los enamorados que los envuelve dejándolos extenuados y aislados del resto del mundo.


Rayuela: Capítulo 68
“Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo como poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! volposados en la cresta del murelio, se sentían balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.”

Rayuela es, sin lugar a dudas, mucho más que lo que yo he querido resaltar, mis palabras son tan sólo mi respetuosa consideración a su obra, a Rayuela, ese genial laberinto lúdico escrito por el admirado Julio Cortázar en el 50 aniversario de su publicación. Obra que valoro y estimo, como la mayoría de sus lectores, embebidos por su esencia literaria y por la bella utopía de sus palabras.


Capítulo 93 (fragmento)
(...) Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, convencidos del amor—que-sienten—por—sus—esposas. (...) Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como sise pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al vesre. (...) Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto. (...) las perras negras se vengan como pueden, me mordisquean desde debajo de la mesa. (...) ¿Por qué, pourquoi, why, warum, perché este horror a las perras negras? (...) Tengo miedo de ese proxenetismo, de tinta y de voces, mar de lenguas lamiendo el culo del mundo (...) En guerra con la palabra, en guerra, todo lo que sea necesario aunque haya que renunciar a la inteligencia, quedarse en el Mero pedido de papas fritas y los telegramas Reuter. (...) Curioso, muy curioso que Puttenham sintiera las palabras como si fueran objetos, y hasta criaturas con vida propia. También a mí, a veces, me parece estar engendrando ríos de hormigas feroces que se comerán el mundo...


Julio Cortázar en Barcelona
Nacido en Bruselas en 1914, mientras las tropas alemanas entraban en Bélgica, bombardeándola, su familia —al ser Argentina un país neutral— les fue permitido, huyendo de su país, trasladarse primero a Suiza y luego a España. Cortázar recordaba en una entrevista con Joaquín Soler Serrano en TVE, "entre un año y medio y los tres años y medio de edad, yo viví en Barcelona, hasta que en 1918, una vez terminada la guerra, la familia pudo volver a la Argentina".

Barcelona quedó grabada en su subconsciente, decía Cortázar: (...) “tengo recuerdos pero no son precisos. Recuerdos que me atormentaban cuando era niño de nueve o diez años, muchas veces me aparecían imágenes inconexas y dispersas que no sabía interpretarlas con nada conocido. Se lo pregunté a mi madre: 'Mira, hay momentos en que yo veo formas extrañas, colores, como mayólicas con colores. ¿Qué puede ser eso? Y mi madre me dijo: —Bueno, eso puede corresponder a que a ti, de niño, en Barcelona, te llevábamos casi todos los días a jugar con otros niños al parque Güell”. Años después quiso recuperar esas impresiones lejanas: (…) "La primera vez que vine a Europa, en 1949, tomé un barco cuya primera escala era en Barcelona. Y lo primero que hice fue ir al parque Güell. Naturalmente la imagen no correspondía. Lo miraba desde mis 1,93 metros, evidentemente, ya no concordaba con la mirada mágica de cuando era niño".

Durante los años 60, 70 y 80, fue un asiduo visitante de Barcelona, y muchos le recuerdan. Joaquín Marco (‘Julio Cortázar: la isla final’; edición de Jaime Alazraki, Ivar Ivask y Joaquín Marco) dijo de Cortázar: (…) "Causaba impacto por su físico: medía casi dos metros, tenía cara de niño, porque a pesar de su edad no tenía entonces pelo en la cara, a causa de una enfermedad que le retrasó los signos de la edad, no tuvo pelo hasta los 50 años, cuando se sometió a tratamiento. Le recuerdo hacia 1972-1973, llegando en una camioneta roulotte desde Francia. Me explicó que había dormido en la plaza Lesseps: —“La vi tranquila, aparqué y dormí'. Él veía la autopista como medio de conocer gente".

Sobre su aspecto juvenil, en sus visitas a Barcelona, bromeaba con la uruguaya Cristina Peri Rossi, que lo comparaba con Dorian Grey, ante lo cual el argentino replicaba: (...) "Yo no me voy a despertar un día convertido en un anciano decrépito y asqueroso".

El escritor y periodista español Javier Rodríguez Marcos antes de escribir un artículo para El País habló por teléfono con Cristina Peri Rossi residente en Barcelona y amiga de Cortázar para que explicara su opinión respecto a Rayuela y qué fue lo que representó dicha novela para la gente que como ella tenía 20 años cuando se publicó.

“Es la novela emblemática de la gente del 68. La leímos con el telón de fondo de los movimientos revolucionarios en Europa y América Latina. Toda una generación se identificó con el libro. Todas las mujeres querían ser la Maga. Todos querían vivir en París y Buenos Aires. Acertó a retratar una sensibilidad. Es cierto, teníamos 20 años, hoy tenemos 70 y muchos han traicionado esos valores. Un amigo pintor argentino me decía hace poco que ya no se identificaba con Rayuela. Yo le respondía: ‘Porque en el 63 tenías 20 años, eras pobre y revolucionario; ahora eres famoso, burgués y te hacen exposiciones retrospectivas’. ¿Que el mundo ya no es así? Tampoco es como la Troya de Virgilio. Si hubiera que dar un libro a los marcianos para explicarles cómo era el mundo en esos años les daría Rayuela”. “En literatura no hay progreso, pero fue un hito. Claro que se puede escribir como antes de Rayuela, pero serán eso, novelas de antes de Rayuela”.

En Barcelona vive actualmente el que pasa por ser su descubridor, el editor argentino Francisco Porrúa, ya jubilado, quien dijo: (...) En verdad, yo no descubrí a Cortázar, como tanto se dice. Cuando llegué a la editorial Sudamericana, de Buenos Aires —propiedad del catalán exiliado Antoni López Llausàs—, ya habían publicado los cuentos de 'Bestiario'. Lo que sucede es que estaba la edición entera sin vender, bueno, había vendido 65 ejemplares, el resto estaba en los almacenes. Me advirtió el administrador de la empresa: (…) “Este libro no se vende nada”. Comercialmente todo invitaba a no seguirle publicando pero yo les respondí que era un problema temporal y que había que mantener la apuesta por él. Y, efectivamente, ‘Las armas secretas’ ya fue bien recibido".

Tan amigo fue Cortázar de Porrúa que le contaba los intentos de Carlos Barral para llevárselo a su editorial. En febrero de 1967, le cuenta: (...) "la frescura de Carlos no tiene abuela. Mirá el telegrama que me encontré al llegar de Cuba: 'Presentarías novela inédita aún pendiente revisión premio biblioteca breve STOP pues tienes editoriales a tratar STOP contesta en condicional telegrama STOP confidencial carlos barral. / Este tipo es tonto o pirata a secas (...) Estoy un poco harto de este asunto con los catalanes".

Cortázar también participó en la gestación de una carta de protesta de intelectuales contra la postura del régimen de Fidel Castro ante el escritor disidente Heberto Padilla, obligado en 1971 a leer en público una humillante carta de autocrítica. Una carta que se negoció e impulsó desde Barcelona y París. Juan Goytisolo cree que: (...) "el caso Padilla [2] marca el inicio del alejamiento de Cortázar" de algunos de sus amigos barceloneses —que se convertirán en feroces anticastristas— pero también añade que: (...) "fue más negativa la actitud de su compañera de entonces, Ugné Karvelis [3], una mujer terrible, la mayor intrigante que he conocido. Le contagió la hostilidad que nos tenía a muchos".

La editora Esther Tusquets afirma que: (...)"vino mucho a Barcelona y cenó en mi casa un par de veces. Para Lumen, me hizo un libro con fotos suyas del observatorio de Kuala Lumpur". Y Peri Rossi evoca sus visitas a librerías de viejo en Ciutat Vella, mientras admite que lo suyo no eran los restaurantes, pues García Márquez le invitó al Restaurante Reno y, para estupor del colombiano, Cortázar pidió... un bistec con patatas.

Fuentes:
Hemeroteca La Vanguardia

El País

The Paris Review

[1] University of Texas, Austin:
Los manuscritos de Rayuela se pudieron adquirir gracias a Laura Gutiérrez-Witt, directora de la Benson Latin American Collectión de la University of Texas, Austin y de Donald Gibbs, bibliógrafo latinoamericano; gracias también a la colaboración de Saúl Yurkievich, poeta y ensayista argentino, catedrático en la Universidad de París y albacea del autor.

[2] Caso Heberto Padilla
El encarcelamiento de Heberto Padilla por el gobierno cubano provocó una reacción en todo el mundo, con las consiguientes protestas de conocidísimos intelectuales entre los que figuraban Julio Cortázar, Simone de Beauvoir, Marguerite Duras, Carlos Fuentes, Juan Goytisolo, Alberto Moravia, Octavio Paz, Juan Rulfo, Jean-Paul Sartre, Susan Sontag, Mario Vargas Llosa y muchos otros. Después de 38 días de reclusión en Villa Marista, Padilla leyó en la Unión de Escritores su famosa Autocrítica, en la que reniega de sus obras e ideas expresadas anteriormente. El incidente con Padilla "representó un antes y un después en la tirante relación entre la intelectualidad mundial y la Revolución Cubana", que marcó "el fin del idilio" entre ambos.

[3] Ugné Karvelis
(Noreikiškės, Lituania, 13 de junio de 1935 – París, 4 de marzo de 2002) fue una escritora, crítica literaria, traductora y diplomática lituana. Su trabajo como editora de la editorial francesa Gallimard fue fundamental para la difusión en Francia de la literatura latinoamericana y de Europa Oriental. Fue compañera sentimental de Julio Cortázar, representante literaria y divulgadora de su obra en Europa.  La relación que mantuvo con Julio Cortázar, (1967 a 1978) fue decisiva en la politización del pensamiento, de los escritos y de las actividades públicas del escritor.



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