sábado, 30 de junio de 2012

CALA PICCOLA




Cala Piccola
A mí me gusta hablar de lugares paradisíacos que son como un sueño, sueños que transitan por la lucidez de lo imaginado. Alguna vez he relatado —en otra historia— un espacio de tiempo vivido que me pareció haber estado en el mismo paraíso y, otros, que forman parte de mis sueños por alcanzar. Alguno de estos sueños lúcidos, como el que voy a relatar, encierra proyectos de vida deseados y, hasta cierto punto, compartidos con una mujer tan soñadora como yo, mi amada Josefina. La vida, desde mi punto de vista, es una larga consecución de sueños alcanzados, sueños que han tenido el valor de ser conquistados empleando inteligencia, osadía y dedicación para lograrlos. Este excepcional paraíso imaginado y, tan deseado, está en una diminuta cala perdida en el Mediterráneo y, lo que hoy es una abstracción onírica, mañana espero que se convierta en realidad, o tal vez ya lo es, aceptando que los sueños como las palabras, conforman realidades mágicas, es decir, que lo extraño o lo irreal se convierte en algo común y cotidiano.

'Cala Piccola' es una pequeña localidad dominada por las costas del Mar Tirreno, ubicada en la parte más occidental de la península de Monte Argentario, situada en el extremo sur de la Toscana, en escarpados y acantilados que realzan su belleza. Donde aún es posible, en noches de verano, hacer pernocta en cualquiera de sus innumerables y diminutas calas. Monte Argentario fue una isla, que se convirtió en península porque, en edades geológicas remotas, la acumulación de arena, debida a la fuerza de las corrientes marinas del canal que separa la isla de la península italiana, fue la que creó los dos brazos de tierra, 'Il Tombolo di Feniglia', al sur y 'Il Tombolo di Giannella' al norte, son los brazos que la unen a la tierra costera. Entre los dos Tombolo otro brazo que es una carretera, la SS440 conforman los tres brazos que cruzan la Laguna di Orbetello.


En la península encontramos pueblos con nombres míticos como 'Terrarosa', 'Santa Liberata', 'Lo Sbarcatello' y Porto Ercole' En la parte más occidental de la península el bello pueblo de Cala Piccola. Es un pueblo diminuto de pescadores, con un espléndido mercado de pescado, casi una pequeña lonja donde cada tarde amarran las barcas de pesca de los lugareños con los productos de la mar recién pescados. Nos hemos pasado tantas horas proyectando este sueño que, al tener tanta información de cómo queremos vivirlo, parece como si ya hubiéramos estado. Es cierto que, al construirlo lo hemos sublimado tanto que, ambos hemos sucumbido a la belleza de nuestro sueño, detalles casi vividos paseando juntos por las calles del pueblo, por viale Rovereto, con sus tiendas de frutas tan espectacularmente expuestas, sus 'culla di frutti' cunas o canastillas de frutas amorosamente dispuestas y de gran atractivo para los visitantes.

La terraza del café restaurante de la 'Piazza Maggiore' siempre llena de gente bulliciosa, con sus parasoles azules y sus mesas con manteles de color malva sorprende que, un marco con tan bello colorido, con sus clientes bebiendo cervezas y degustando espléndidas tapas calientes, formen un todo armónico. Un hervidero de comensales hábilmente atendidos por don Arduino Bebilacqua, un orondo propietario orgulloso de las mejores cazuelitas del mundo de sus 'spaghetti alle vongole' espagueti con almejas con chiles y salami 'spianatta', dicen que quien los come acompañados de una birra doppio malto, recordará este plato pasen los años que pasen.


La espectacularidad del fenómeno del 'rayo azul' no es una invención de sus habitantes, es un fenómeno más bien extraño pero real: se trata de un efecto óptico que se puede apreciar cuando el sol está ocultándose, pero también al alba y que depende de la refracción de la luz en el aire. Se puede ver sólo cuando el cielo es límpido y el astro sol está en la línea con el horizonte del mar, es cuando los rayos tienen que atravesar un estrato más denso de la atmósfera y que, son causa de una mayor refracción de los componentes de la luz, los colores azul y verde (largo de onda menor) que, en gran parte, vienen desviadas produciendo ese fenómeno.


De espaldas a la playa la entrada de nuestra casa, una casa de dos plantas, situada en un recoveco de una pendiente completamente iluminada por la noche, se muestra como un faro que nos guía a nuestro sueño. Compartir con Raffaele, nuestro vecino pescador, las interminables charlas de sus aventuras mientras le invitamos a una copa de cava catalán, por aquello de 'fer país' un 'Codorniu Non PLus Ultra Brut' un cava elaborado con un 'coupage' equilibrado de uvas de Chardonnay, Macabeo, Perelada y Xarel·lo, acompañado con unas trufas heladas que nos hemos traído de la pastelería 'Piccolisima' de doña Fiammetta en una cajita recuerdo de Cala Piccola, ahora hábilmente colocadas en una bandejita sobre un fondo de hielo picado para degustarlas durante la noche acompañadas de el excelente cava NPU.

En el sereno de la noche conversamos de cuando esas tierras eran españolas, Raffaele es un gran conocedor de la historia, de joven obtuvo una beca en la Universidad de Nápoles donde estudió los 'Presidi Spagnoli' En el siglo XVI los 'Presidi Spagnoli' eran una serie de pequeños estados españoles al sur de la Toscana junto a Orbetello, Piombino y la Isla de Elba cuya integración al Reino de España supuso el control de las costas italianas desde la Toscana hasta Nápoles. Estas son las historias preferidas de Raffaele, le gusta adornarlas con pasajes de la famiglia Aldobrandeschi, dueños y señores de toda la península de Monte Argentario y que tiene aprendida de memoria.


La conversación con el amigo pescador terminó. Cogimos una tarta de 'arance caramellate' y un par de copas de cava frío y dimos un corto paseo cogidos de la mano por la espléndida terraza. Josefina, sugirió sentarnos en la baranda, ella lo hizo y yo quedé frente a ella contemplando su hermoso cuerpo. El olor a jazmín era penetrante y la noche estrellada. Me acerqué a Josefina la rodeé con mis brazos y nos besamos en un beso eterno, un beso moebius. Nuestro silencio era elocuente, nuestro sueño estaba a punto de culminarse; nuestros cuerpos apretados percibían el nerviosismo de dos seres que desean amarse. Ambos esbozamos una cómplice sonrisa y nos dirigimos a nuestra habitación con la impaciencia de dos personas que están caminando los últimos pasos hasta la puerta de otro paraíso, nuestra habitación. Instantes en que la imaginación se desborda intensamente. Abrimos la puerta y entramos, la cerramos y nos entregamos, ya solos, al sueño de nuestro sueño... 




Desgraciadamente toda la paz de mi sueño se ha visto recientemente interrumpido por el naufragio del mayor crucero italiano "Costa Concordia". La isla del Giglio donde naugragó se encuentra delante mismo de mi paraíso Cala Piccola. Una verdadera pesadilla para los supervivientes y, lo más triste es que hubo muertes y una cuarentena de desaparecidos, víctimas por la inoperancia y la cobardía de Francesco Schettino, capitán del crucero que abandonó su puesto de mando, dejando abandonados a los pasajeros.
Lluís Busom i Femenia