jueves, 29 de noviembre de 2012

EL CAPITÁN VOLTARÉN




El Capitán Voltaren
Todo sucedió en una noche de un cálido verano. Hacía un calor insoportable, estaba tan cansado que necesitaba, a pesar del calor pegajoso que hacía esta noche, tenderme en la cama y disponer mi cuerpo en total descanso. Uno cuando apoya el cuerpo en la sábana siente un especial y amable toque casi de una sutil sensibilidad femenina y es cuando dispongo que mi estructura ósea se hunda en el colchón, pero de inmediato aparecen mis huesos como si estuvieran en el cuartel y el cabo de imaginaria de la compañía pasase revista a todos mis huesos:

—A ver, atención compañía! huesos del hombro, firmes!:
—Clavícula, presente! Omóplato, presente!
—Huesos del brazo, firmes!:
—Húmero, jodido y presente!
—Huesos del antebrazo, firmes!:
—Cúbito, dolorido y presente! Radio, abultado, rabiando y presente!
—Huesos de la mano, firmes!:
—Carpo, metacarpo y falanges, resentidos, quejosos y afligidos, los 27 presentes!
—Huesos de las caderas, firmes!:
—Uuuuy, uuuuuuuy, presentes!

La enumeración de la lista continuó durante algunos minutos más, hasta que se completó con la última falange del dedo de los pies y, estando todos mis huesos presentes, me propuse e intentar dormirme. La verdad que mis huesos me hacían un daño terrible, se salvaba la cabeza y el tronco, pero todo lo demás se resentía, había un núcleo duro dentro de mi cuerpo que gestionaba el dolor con insistencia de un ejecutivo, de esos que sus jefes les incrustan en su parte trasera baja una guindilla para que su actividad no cese en todo el día.

Hice lo que tantas noches tengo por costumbre poner la radio y buscar a alguien que me hable, sí en esa hora necesito de una amable conversación que me haga adentrarme en alguna historia que me evada de mi trabajo cotidiano. Pero son muchas las noches que me paso cambiando el dial buscando esa voz femenina amiga que me cuente algo y que, con el murmullo de su voz, vaya adentrándome en un sueño reparador. Es cierto que a medida que me voy haciendo mayor me cuesta más dormirme, la verdad es que duermo muy poco.

Esa noche era especialmente calurosa, en el termómetro de La Caixa —regalo del director de mi sucursal— marcaba 31º C., me saqué la chaqueta del pijama, no soporto la chaqueta, me aprisiona. Puse mi ventilador Meteor en marcha, dispuse el temporizador en 120 minutos y a una velocidad de 1200 revoluciones por minuto. ¡Cáspita, la brisa del Caribe! a los pies de mi cama. Era tanto el aire que sentía que pensé en volverme a poner la chaqueta del pijama, pero me dije no, no la soportarás! De repente se me ocurrió que tenía de hace diez años en la cómoda una camiseta nueva por estrenar de Calvin Klein de color gris, ya que desde hace años no uso camiseta. Me endosé la camiseta CK y francamente eso ya era otra cosa, me quedaba ceñida.., y de pronto imaginé cuando de joven iba al gimnasio y después de los ejercicios y de la ducha salíamos por la tarde a la calle exponiendo nuestros músculos en camiseta. Intenté dormirme mientras disfrutaba de la brisa de mi ventilador 'Meteor' se percibía suavemente, tenía los brazos libres y me sentí con el pecho protegido de esos aires traicioneros de los ventiladores... nocturnos.

Me dormí y, como casi todas las noches empecé a soñar y lo sorprendente de mis sueños es que cuando despierto me acuerdo perfectamente de todo. Esa noche, me convertí como siempre en el héroe de mis sueños, me pasé la noche corriendo y subiendo montañas por caminos pedregosos a toda velocidad, hasta yo en el mismo sueño me decía: ¡Luis, ten cuidado que te vas a meter una ostia!, que no podrán recoger ninguno de tus huesos... pero, extrañado de mi agilidad, subía con una destreza fuera de lo común y avanzando por el terreno con una inclinación del cuerpo que desobedecía todas las reglas de la gravedad. Mi cuerpo se inclinaba, al imprimir velocidad, pasaba rápidamente de los 90º a los 20º casi a ras del suelo... era como el efecto Venturi de los coches de 'fórmula uno' que por ese efecto, su agarre es más seguro y, permitiéndome subir a toda velocidad. Bien si mi hijo leyese mi sueño, me lo discutiría científicamente diciéndome:

—No, no es así! Eso se demuestra por el teorema de que sí la energía cinética aumenta, el valor de la presión disminuye. Tú te arrastras! No es tu caso!

Muchos de los que estaban contemplando mi osadía trepadora, se preguntaban, como era posible que ese hombre a su edad pudiera subir a toda velocidad una pendiente que de seguro ni un joven sería capaz de hacerlo y, menos, con la agilidad con la que este hombre del cabello blanco lo hacía.. Yo que mientras avanzaba hacia la cumbre de la montaña iba escuchando sus voces de extrañeza y admiración... una risa malévola se dibujaba en mi boca:


Cuando llegué a la cumbre y, ante los aplausos del numeroso público que en aquel momento se encontraba, saludé con la mano agitándola, como si fuera un monarca español. Después con un movimiento estudiado de cadera me lance al vacío e hice un planeo decreciente como si descendiera por el serpentín helicoidal de un complejo alambique de un alquimista y, después de ese frío recorrido transmuté mi alma para entrar como cualquier mortal en la bonita casa de mi amada.

Me introduje justo por la ventana de su altillo y me situé frente al sofá en que mi adorada estaba sentada leyendo el libro de Simone de Beauvoir, Le Deuxième Sexe. Fatigado, con la respiración agitada y completamente sudado pero triunfante me planté delante de ella y, haciéndole un guiño de complicidad, me desabotoné la camisa para mostrarle a mi amada quién era en realidad descubriéndole mi secreto: 


'El capitán Voltarén', el conquistador de la embajadora de la isla de Babus protector de la más linda de las mujeres en las noches de luna. Después de tomar juntos en su jardín unos Martini secos, sacudidos y no mezclados, sujeté con mis fuertes brazos a la mujer de mis sueños y de un salto nos adentramos en la negra noche más absoluta de un cielo acogedor y, en nuestro viaje al nirvana del amor, se podía ver la estela que por el reflejo de la Luna, dejaban las canas del Capitán Voltarén y los rubios cabellos de mi acompañante.
Lluís Busom i Femenia

lunes, 24 de septiembre de 2012

AMAR A UN RUISEÑOR...


Lo real, lo imaginario y lo simbólico son términos utilizados por el médico y psicoanalista francés Jacques Lacan (1901/1981), para señalar unas dimensiones, que él llama registros de lo psíquico. En su tesis estos tres registros —lo real, lo imaginario y lo simbólico— se encuentran relacionados conformando una tópica. Esta tópica constituye una estructura que se puede representar como elementos entrelazados de un modo semejante a un nudo Borromeo. Se llama así al constituido por tres aros enlazados de tal forma que, al separar uno cualquiera de los tres, se liberan los otros dos. Pero estrictamente hablando es un enlace, el cual hago mío para poder explicar mi historia, ya que en ella, las tres partes están presentes y arman mi escrito. Esta característica resulta interesante para la topología combinatoria y para la Teoría de nudos en la que, según Lacan, es un proceso de pensamiento del orden simbólico que involucra siempre una base o soporte en lo real y una representación en el registro de lo imaginario.


"Los problemas del mundo no pueden ser resueltos por los cínicos ni por los escépticos, cuyos horizontes están limitados por las realidades evidentes. Necesitamos gente que pueda soñar cosas que nunca existieron" John Keats
AMAR A UN RUISEÑOR
Es una de las formas de intentar explicar una vivencia que es a la vez, un hecho que se inició de forma imaginativa, se desarrolló simbólicamente de forma virtual y acabo siendo, en gran parte, una realidad que ha arañado con consistencia emociones que han magnificado la percepción de la realidad y, que se han expresado como toda emoción, físicamente.

Esta historia es la sublimación del anudado de esos tres caminos, al que yo he convertido, de forma frágil y poética en un ruiseñor. Es una de las formas de enmascarar lo que uno quiere decir y decírselo a alguien sin nombrar a la persona a quién va dirigido y, por tanto, construir una historia amando un ideal simbólico, imaginado y vivido. Una vez explicado ese pequeño embrollo psicoanalítico, entonces la construcción del relato se convierte espontáneamente fácil, hablas de una puesta de sol, de un lugar, de un árbol o de cualquier otro icono que pueda representar el símbolo de algo que estimas y que la veneración por ese ser querido te hace decir cosas como la de amar a un ruiseñor.

La vida, el pequeño mundo en el que me muevo, han dado más alas a mi pensamiento que a mis piernas, creo que mis palabras tienen el vuelo imaginativo para poder llegar a expresar sentimientos que me nacen hacerlos y expresarlos con convicción. Tampoco creo que ninguna de mis palabras merezcan un análisis del por qué las construyo, las imagino, las siento y las vivo. Sucede, como todo en la vida, que las palabras se piensan, se crean y quedan escritas negro sobre blanco y ya no tienen vuelta atrás. Una vez plasmadas, los matices ya no son posibles hacerlos, quedan dichas y así es como debe ser.

Eres mi ruiseñor, en que el roce de tu piel, me reconforta. Un ruiseñor que ha vuelto a la vida, al menos a la persona que yo te quiero imaginar como ese pájaro al que, como el polen imperceptible se cuela por mi nariz y en mi respiración. Tus maravillosos gorjeos nocturnos han insuflado en mi existencia, vida. La vida se ha apoderado de mí gracias a tus mimos, a tus palabras, a tus flirteos y cantos nocturnos amorosos y, también, a tus picotazos en mi nariz, incluso esas dulces pataditas en mis espinillas que tanto sobresalto me han causado, pero por sobre todas las cosas, emergen nuestras risas, nuestros silencios y nuestros sentimientos.


Un ruiseñor que con tus palabras, con tus sinceridades me he dado cuenta de cuán inmenso es tu corazón, de cuán majestuoso es tu vuelo. Eres ese lindo pájaro que saliendo de la noche de los tiempos, de una acurrucada hibernación, apareces con todas las aspiraciones a sentirte mujer, has vuelto a la vida con esperanzas renovadas. Tampoco quiero atribuirme todo el mérito de tu renacimiento vital, de ser el causante de la explosión de tus alas voladoras que tanta sensación de arropamiento me han dado. Pienso, que es la suerte de los enamorados, que es el Universo generoso quién ha sabido premiar el esfuerzo imaginativo de los dos para que, con la complejidad del Universo de los sentimientos, tengamos firmes caminos por donde andar.

En los primeros tiempos te observé casi a escondidas, pero tus atrevimientos, tus trinos me enamoraron y tu prestancia y tu vuelo elegante me cautivaron. A cada mirada que me dedicaste, a cada roce de tus alas en mi cara supe ver en ti el ruiseñor deseado desde siempre, el más lindo de todos eres tú. Con tus compañeras de vuelo, tú siempre has destacado, siempre tuve preferencia por tu pico sonriente y tus alas envolventes, siempre! Un ruiseñor de pecho generoso, de figura agraciada y esbelta. Cuántas veces te he contemplado mirando con ojos sorprendidos la infinidad de tus movimientos, de tus posturas, suspendida en el aire como si estuvieses colgada de un almendro invisible, un ruiseñor que me ha enseñado y me ha hecho entender la belleza de los árboles, de las flores, de los poetas, incluso sobre Platón para adentrarte sobre las virtudes morales infusas y difusas... en las que, antes de conocerte, has tenido que vivir.

Bueno, bueno, bueno y ahora cómo me bajo de este trono, Smot?! Gracias, ya me creo ruiseñor, me siento cómoda en mi plumaje, me siento poderosa con mi canto, pero por sobretodo me siento inmortal, más allá de como me has hecho sentir, quisiera poder alegrarte, acompañarte, retribuirte en todo tu afecto con mucho más afecto aún.

—Las gracias te las doy yo a ti, Rossignol Philomèle —chant qui aime le chant— linda Luscinia, por aparecer en mi escrito, tu respuesta es la que he estado esperando desde que empecé a escribirte...

Pero lo que me hizo apreciarte de verdad, amada Josefina, sentirte cercana, sentirte mía, fue ese pájaro que, encontrándose en distintos caminos de tu vida, el azar más que ninguna otra cuestión o, tal vez mi caída sorpresiva desde lo alto del cielo, cambiaron rumbos y caminos indecisos que ya formaban y conforman tu vida. Posiblemente reafirmaron lo que tú necesitabas ser. Pero lo que más me llegó a mi interior fueron tus trinos de aceptación, de aceptación amorosa, de entrega amorosa.

Pero mis trinos, mis mimos de noche correspondiendo a tu amor terminan con la posesión de tu alma. Mis gorjeos a otras horas, los de madrugada, cuando el día se levanta ya no son para corresponderte en los juegos que demanda tu amor, sino que son gorjeos de guerra para mantener a raya a otros machos provenientes del Bois de Boulogne, en persistentes viajes migratorios a ultramar.

Me maravilla que haya sido así, tal como he podido comprobar, sentir y acompañarte en ese viaje en que nuestras alas se han rozado tanto, con tanta intensidad acariciadora, que hemos llorado de placer. Posados en el alambre del hilo telefónico se ha producido el cambio —el cambio soñado— tan celebrado por los dos, para contemplar como con tus alas extendidas, mi venerado ruiseñor has echado a volar. Tus patitas están libres, ya te sostienes fuera del alambre comunicador y lo haces con la entrega de ser mi deseado ruiseñor que, por tus vuelos juguetones, sinceridades y gorjeos te haces querer, por eso te quiero y mil cosas más.
Lluís Busom i Femenia 

P.S. Gracias Ruiseñor, por llenar mis ojos con tu sensibilidad e inteligencia y hacer que mi vuelo se eleve cada día un poco más.

Is the merry Nightingale
That crowds, and hurries, and precipitates
With last thick warble his delicious notes,
As he were fearful that an April night
Would be too short for him to utter forth
His love-chant, and disburthen his ful soul
Of all its music!

¡Es el alegre ruiseñor
que concierta y apura y por fin precipita
en cascada de trinos sus notas deliciosas,
temeroso quizá de que esta noche de abril
no le alcance para lanzar
su canto de amor y descargar su alma
de todo lo que es música!

Fragmento de Oda a un ruiseñor, de John Keats.


Oda a un Ruiseñor, de John Keats.
La idea del poema nace porque el ruiseñor que canta con fina maestría, hiere de música al poeta en medio de su abandono silvestre, y tanta felicidad sonora le duele, no por envidia sino por sobreabundancia de gozo. Su yo se eleva por encima de los árboles con sus palabras llenas de poesía, para confundirse con el ruiseñor que allí canta; eso le sirve para comparar la naturaleza trascendental con la transitoriedad del mundo físico, ya que el poeta, que presiente su muerte, ansía esa eternidad. El poeta se siente sumergir en esa penetración total donde la pérdida de identidad funde sensaciones y sentimientos con sus causas, donde se confunden objeto y sujeto.

Oda a un ruiseñor, de John Keat
Oda a un ruiseñor (texto completo)


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lunes, 3 de septiembre de 2012

GINKGO BILOBA, Quiero a ese árbol...



Hay temas que se escapan a la razón y dan sentido a percepciones sensoriales que están fuera del alcance de un simple observador. Hay días que pasear y abstraerse forman parte de una cotidianidad especial; a veces, una fecha, un pensamiento, o el simple olor de un espacio ajardinado, se convierte en el paradigma de un tiempo vivido. Quizá este condición hipersensible te convierte en más receptivo.  

Andar, contemplando la frondosidad del árbol Ginkgo Biloba, es una sensación de estar impregnado de su esencia, como sí las moléculas del árbol y su xilema primario pudieran llegar a  penetrar en los poros abiertos de mi piel y, poco a poco, se introdujera dentro de mí, llenándome de su espléndido espíritu portador de la esperanza. 

Me gustan los árboles, sobretodo los que en sus épocas floración se exhiben como mujeres estupendas, con sus flores provocativas y descocadas, mostrando sus hechuras, sus voluptuosidades, sus perfumes embriagantes y, por supuesto, alguna de sus muchas coqueterías cuando dejan caer —en aparente descuido femenino— alguna de sus hojas que deja al descubierto, precisamente, una de sus partes más íntimas y atractivas .

La coquetería en los árboles es manifiesta, hay una gran mayoría que, como la mujer, usan todas sus atractivas formas para cautivar a más de un paseante. Yo he sucumbido a los encantos de un árbol precioso al que, por cierto jamás había reparado con la atención que ahora lo hago, su belleza me ha cautivado, ahora, lo confieso, he caído plenamente en sus brazos. Es tu árbol el Ginkgo Biloba, árbol frondoso de hojas preciosas. Pero yo. que soy un caprichoso, un crío, tengo una debilidad, me gusta cuando ya ha adquirido una cierta madurez y sus hojas lucen un amarillo cautivante, es todo un espectáculo contemplarte, me cautivas y eso lo digo con total seriedad. 

Me cautivan tus hojas y tus distintas tonalidades apreciadas una a una, tu follaje amarillo forma un todo armónico sublime, pero acercándome e intentando descubrir valores en tus hojas, me emociona las distintas tonalidades adquiridas por la transparencia de tus hojas cuando son atravesadas por los rayos del sol y, esos rayos convierten tu follaje iluminado en una gran variedad tonal. Tú admirable belleza la exhibes a través de tus miles de hojas que van adquiriendo, por los rayos de sol, una gama de amarillos translúcidos. Eres como una explosión estética de un cuadro impresionista, con tonos de veladuras amarillentas fascinantes, como si fueras maquillada por la técnica envolvente de los impresionistas —tengo por el amarillo una cierta preferencia— me viene de algún sueño no realizado.

La verdad es que no he podido aún contemplarte, darme cuenta de tu belleza, el de Ginkgo Biloba al natural, de poder verte y contemplar tus hechuras, aún no sé como hueles, sólo te he podido ver en fotografía, los de Japón, los de París, los de Bahía Blanca, pero al natural, aún no he logrado verte y, menos palparte, ni cobijarme bajo tus hojas... algún día me pondré debajo de ti y podré verte la bendita desnudez de tu árbol, de ese árbol de ensueño, deseado, muy deseado. 

Tus ramas y tu follaje los imagino a diario, pero acariciar tu tronco será el sueño de mi vida, un sueño que a fuerza de imaginarlo casi lo tengo realizado. De tenerte cerca, besaré tu tronco, te abrazaré y me subiré a tus ramas más altas, acariciaré tus hojas con el más procaz e instintivo de mis deseos y haré un pequeño corte en tu piel deliciosa para ver como de ti emergen perlas blancas de savia y, sin ningún recato ni rubor, me beberé tu savia hasta saciarme de ti. 
Te quiero Ginkgo Biloba!
Lluís Busom Femenia

Origen y definición del Ginkgo Biloba
El Ginkgo (Ginkgo biloba) es un árbol único en el mundo. Utilizado desde hace siglos en la medicina tradicional china, japonesa e Indú. Puede ser la planta de semillas viviente más antigua y es, por esto, visto por algunos como una de las maravillas del mundo. Así, el único miembro viviente de una raza de vegetación que fue una vez grande y dominante en el mundo, el Ginkgo, es, entre todos los miles de especies de plantas que existen hoy día, un muy precioso y tenue eslabón entre el presente y el remoto pasado.

Ginkgo: del chino (después también japonés) Ginkyo que significa "albaricoque de plata" (gin=plata, kyo=albaricoque). Se piensa que este término viene de una versión latinizada del ideograma chino Yin Hsing (Xing).

Biloba: bilobado; bi del latín "bis" significa doble, loba significa lóbulos. La hoja tiene forma de abanico con un corte en el medio, por eso bilobada.




lunes, 13 de agosto de 2012

ANTONIO GALA: Llorar por un perro, o que un perro llore por uno…





Antonio Gala, escritor de 81 años demuestra en esta entrevista reciente su poderosa energía, su espíritu crítico y su lucidez en unos momentos realmente difíciles de su vida. En la entrevista aparecida en el periódico El País el título con el que aparece es otro, tal como queda constatado al final de la entrevista. Me ha parecido más humano, más cercano, usar una de sus respuestas como título de su entrevista en este blog. La aparente pequeñez del título le da, en mi opinión, grandeza como ser humano.

Ni la asquerosa locura del cáncer con su arsenal de desgracias —dolor, miedo, tristeza y de ahí en adelante— ha conseguido, de Antonio Gala, diluir el verbo y el gesto feroces de este señor lenguaraz sin freno, culto a rabiar, un punto soberbio por momentos, cariñoso de verdad aunque a su manera, siempre con la sensibilidad desbordando el borde del vaso, aunque ya se encarga él de disfrazarla de una proverbial mala hostia, que tampoco es cuestión de ofrecerse en canal ni al amigo ni al enemigo, a veces, ay, coincidentes en sus afanes. El poeta, el dramaturgo, el novelista, el articulista y el ciudadano Antonio Gala reciben al visitante en el salón de tertulias de El Pimpi, un antiguo cabaré reconvertido en bar de moda. Hace un calor sofocante en Málaga y todos parecemos piltrafas, pero Gala va impoluto, fresco, moreno y sonriente, como si fuera de acero inolvidable. Viste vaqueros azul claro, camisa azul clara con gemelos dorados, fular azul claro, mocasines náuticos. Está sentado delante de un plato de jamón y apoyado en su bastón. Está serio, pero pronto empiezan las risas porque, hoy, Su Majestad el Rey se ha vuelto a dar el morrón.

Pregunta. Antonio, hoy, el Rey se ha vuelto a caer. Se cae mucho, ¿eh?

Respuesta. No me extraña. Tiene que andar como puede, el hombre… un poco como todos en estos momentos. Yo me opongo a las caídas y soy muy respetuoso con los que se… con los que nos caemos.

P. ¿Y con la Monarquía? ¿También es respetuoso?

R. Sí. No soy monárquico. Pero comprendo la labor que ha hecho el Rey y siento una simpatía personal grande por él.

P. ¿Y la Reina?

R. Con la Reina he pasado ratos muy divertidos, porque como no sabe del todo el castellano, de repente mete la pata y ella no entiende por qué la gente se ríe.

P. Dará pie a situaciones absurdas…

R. Un día estábamos, no sé, en alguna inauguración, y acababa de hablar el Rey, y yo estaba de charla con la Reina, entonces se acercó a ella alguien pelotillero, nos interrumpió y le dijo: “El que ha estado divinamente es el Rey”, y ella le soltó de forma un poco despectiva: “Bueno, pero como a ese lo tengo ya en casa…”. Todos nos reímos. Ella no entendía por qué.

P. ¿Por qué tiene usted tanto tirón? Porque está claro que lo tiene, más allá de como escritor, como personaje, digo.

R. Eso del tirón es una ordinariez tuya… pero es verdad. Hay gente que me tiene auténtica devoción. Llegar hasta esta sala, atravesando el bar, ha sido un calvario. Un señor le ha dicho a su niño: “¡Mira, este hombre es un maestro!”. Y yo le he dicho a él: “¡Pero hombre, si eso del maestro es lo peor que se le puede decir a un niño!”. Sí, es verdad, la gente me quiere. Yo lo agradezco mucho… pero no soy nada dado, nada dado a…

P. A la alharaca.

R. Eso es. Me encanta la palabra alharaca… parece el mote de un putón. “¡Mírala, ahí viene La Alharaca!”.

P. Hace un montón de años, en una entrevista en su casa de Madrid, me dijo una cosa que me dejó perplejo: “Soy uno de los escritores que más vende en este país… y de los menos leídos”.

R. Es que es verdad. ¿Por qué? Porque la gente siente por mí una extraña predilección. Porque percibe en mí la invalidez, la soledad, y entonces me quiere de una manera especial, de una manera protectora.

P. ¿Le ven vulnerable?

R. Sí.

P. ¿Usted se ve vulnerable?

R. Sí. Soy, he sido vulnerable. He sido fácil de herir. He sido fácil, y frágil. He sentido como muy hondas heridas que para otros hubieran pasado inadvertidas.

P. Pues ¿qué le diferencia de esos otros?

R. Que yo he sido, ya mucho menos, muy de querer de verdad a la gente. De verdad. Y cualquier paso en falso en una amistad podía hacerme un daño terrible.

P. ¿Por qué dice que ahora ya menos?

R. Porque me moriré, porque ya estoy muy aislado, porque me entrego menos, porque me dedico a mis perrillos… Me gustaría que nos enterraran a todos juntos. Ellos han sido mi compañía más absoluta. Hoy, cuando me he marchado para venir a Málaga, Mambrú se ha quedado literalmente llorando.

P. Habrá gente que leerá esto y no entenderá nada. Llorar por un perro, o que un perro llore por uno…

R. Mi amor por los perros se ha visto correspondido. Por ejemplo, yo nunca fui tan famoso para la gente como con Troylo. Mira, te contaré algo. Yo era opuesto a lo que ahora empieza todo el mundo a ser opuesto: a las comunidades autónomas. Me parecía que era peligroso ampliar las peticiones de los vascos y de los catalanes a toda España sin hacer algo confederativo.

P. Le parecía un café para todos, vamos…

R. Un café para todos. Bueno, pues yo me oponía rotundamente a la autonomía andaluza. Y sin embargo, cuando me di cuenta de que ya no había más remedio, entré en la lucha de lo del café para todos y el grito mío fue “¡Troylo perro andaluz!”. Que tenía de perro andaluz lo que yo de monja, vamos.

P. Quiero volver a esa sensibilidad y a esa vulnerabilidad y a esa fragilidad extremas que dice poseer —o sufrir—. Desde esa perspectiva, ¿cómo ve usted a esas personas que actúan como si nada les afectara, aunque les ocurran cosas fehacientemente desgraciadas?

R. Los intocables… no me fío de ellos. Prefiero que la gente sea sensible. Si alguien no tiene esa sensibilidad, ¿para qué vamos a tratarnos?

P. Hay dos eses, sensibilidad y sentido común, que deberían ser obviedades, que deberían casi darse por hechas, pero por desgracia son valores cada vez más escasos.

R. Quizá, pero la definición que alguien dio de sentido común como el menos común de los sentidos, probablemente está muy bien dicha. Se presupone el sentido común… pero no es común.

P. Pues habrá que currárselo.

R. No, se educa uno en el sentido común. Y se tiene que aspirar siempre a tenerlo, no es una donación. Es algo primordial. Y primigenio. Pero es que si hubiera sentido común, la política, la economía, todo funcionaría de una manera distinta.

P. Vulnerable, sensible, frágil, bien, vale, pero yo, con perdón, siempre le he visto a usted también como alguien…

R. Fuerte.

P. De armas tomar. Irascible, a veces temible.

R. Puede decirlo, sí.

P. ¿Y le ha ido bien con esa mezcla agridulce?

R. Probablemente no, pero yo he tenido que ser así. Un movimiento mal hecho por alguien próximo a mí, un fraude de alguien que pensaba como yo y de repente deja de actuar como pensaba… no, no lo tolero.

P. ¿Se le decepciona a usted con facilidad?

R. Con más facilidad de lo normal. Hay cosas que no se deben perdonar. Si las perdona Dios, allá él. Yo perdono con dificultad.

P. Con la avalancha que nos está tocando vivir, ¿le da por pensar en la gente que las está pasando canutas, así, en abstracto, o siempre piensa en personas y casos concretos?

R. En concreto. Porque si pienso en abstracto, eso es algo que me quita literalmente el sueño, a pesar de las pastillas que tomo. Entonces no puedo pensar en otra cosa, ni hablar ni escribir de otra cosa. Y es esta circunstancia la que está retrasando que yo me decida a hacer algo a lo que me había resistido, pero a lo que finalmente dije sí: mi autobiografía.

P. Cuente usted, cuente.

R. Tenía que haberla empezado hace poco, pero no la he empezado. Se iba a titular Autorretrato con paisaje al fondo, pero al final se va a llamar No os mováis, conozco la salida. Primero porque estoy ya muy cerca de salir. Y, segundo, porque de ninguna manera me gustaría salir sin que la cosa hubiera cambiado, y que yo supiera que había cambiado.

P. Se refiere usted a…

R. A que creo que se están haciendo las cosas extraordinariamente mal. Solo se da dinero a los bancos, y es muy difícil convencer a la gente de que eso tiene que ser así.
P. ¿Qué opinión tiene de los que toman las decisiones ahora mismo?

R. Da la impresión de que este país está gobernado por una colección de tontos que se han reunido para jugar a algo, a las cartas, o al dominó, y no saben las reglas. Y luego está el pobre Rajoy, que a mí siempre me dio risa, pero ahora me da pena porque no sabe qué hacer. La verdad es que estamos gobernados por una pandilla de gilipollas.

P. Antonio Gala, ¿cómo se encuentra físicamente? Mentalmente, se ve que bien.

R. Yo ahora estoy bien, parece que el cáncer ha desaparecido, pero todo esto me ha dado una lección terrible. Ha sido muy desagradable, porque al terminar toda la cura de radioterapias y quimioterapias he hecho tal esfuerzo por olvidarlo que me he olvidado de muchas cosas imprescindibles, del nombre de las personas… funcionar sin mi secretario sería muy difícil. Cuando necesito algo, se lo consulto, y si no lo sabe él lo consulta en ese aparato que no quería tener y que por fin tiene, y que lo tiene lleno de gozo y prácticamente desaparecido. Porque eso atrae de una manera que… es como la droga. Como la coca.

P. ¿Habla de Internet? ¿Internet es como la coca?

R. Sí, sí, sí, sin duda ninguna.

P. La quimio cura a veces, y destroza siempre. Quita lo malo, también lo bueno.

R. La enfermedad ha conseguido que yo tome conciencia de la muerte. Yo no tenía ni tengo ningún miedo. Uno se muere, y está bien. Ya he durado bastante. Pero el esfuerzo que hice por olvidar toda esa cura horrorosa, aplastante, me daba ganas de decir “hasta aquí: lo dejo”.

P. Dejar la vida… ¿y dejar este país disparatado? Lo es, ¿no? ¿Le parece muy disparatada España?

R. Mmmm… la he conocido más disparatada. Y aquel disparate justifica mucho el cariño tremendo que yo le he tenido a este país. Yo no puedo decir “amo a España” porque me daría vergüenza, pero me parece maravillosa, me parece una mal mandada, una respondona, y tremendamente digna. Y ahora está reaccionando tan bien a todo esto… esas manifestaciones están hechas con tanto pudor.

P. ¿Cree que la gente aguanta más allá de lo razonable?

R. No, más allá de lo histórico. Es que una cosa no se puede consentir: no-se-puede-pasar-hambre. ¡Lo primero que tiene que hacer un Gobierno no es evitar que quiebren los bancos, sino que no haya hambre! Y luego, fíjate por ejemplo aquella historia de los ERES que yo conté en una tronera…

P. Por cierto, ¿cómo lleva las troneras? ¿Cómo lleva a Pedro Jota?

R. Pues mira, Pedro Jota [1] ya, de momento, ha dado un paso atrás en la de los domingos y ya no me pone en… bueno, fue el pretexto para que él se extendiera en su artículo. Y a mí me ha mandado a una cosa que se llama Otras voces. Es que claro, él tiene miedo, él teme a la Iglesia, a Dios, sin duda, aunque no creo que crea, pero por si acaso. Y yo resulta que los domingos se los dedico de una manera especialmente cariñosa a la Iglesia católica, que es una hija de la gran puta, eso está clarísimo.

P. El peso de la Iglesia en este país, ¿en qué punto está?

R. Ha dado un bajón muy grande. La Iglesia es que ha sido muy descarada.

P. Pues con esto acabamos.

R. ¿Sí? Pues vamos a tomarnos algo…


Entrevista a Antonio Gala, por Borja Hermoso
Periódico El País, “La verdad es que este país está gobernado por una colección de tontos”

[1] Pedro Jota Ramírez, director del diario El Mundo.


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